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La vara de medir

La vara de medir

Ayer hubo un partido de fútbol en el que alguien del público lanzó una botella contra el entrenador del equipo contrario, dejándolo inconsciente y mandándolo de cabeza al hospital. Hoy es noticia y portada en la gran mayoría de periódicos, de tendencia deportiva o no y no sólo de tirada nacional (véase http://www.iht.com/articles/2007/03/01/sports/soccer.php).  

A mí, lo que me deja alucinado de todo esto es la repercusión que tienen unas cosas y otras en los medios de comunicación y, por ende, en nosotros. Quizás no sean cosas comparables, pero,  ¿¿alguien se acuerda de dónde era la mujer que hace unos días murió quemada por su marido?? ¿o cuántas han sido las últimas víctimas civiles en Irak?. Lo más seguro es que sólo unos pocos puedan dar respuesta a estas preguntas. En cambio, aquí en España todo el mundo ya tiene una opinión formada para saber quiénes son los culpables, además del cafre que lanzó la botella, y lo que se debería hacer con ellos. Se considera algo inadmisible y que sobrepasa todos los límites de lo permitido que alguien, en un campo de fútbol (que, a veces, se habla de ellos como si se tratasen de iglesias o lugares sagrados donde cosas así son traídas por Lucifer para perturbar el desarrollo de un deporte tan noble como el fútbol), desee pagar su impotencia, rabia o complejo con el primero al que pille por medio y de esa manera, nada menos que con una botella.  

Nada que ver con la bengala que mató al chiquillo que fue con su padre a disfrutar del fútbol y se encontró con un petardo lanzado por otro animal (que sería de la misma familia que el de ayer) clavado en su pecho. Una verdadera tragedia, eso sí.  

Pero es que tenemos un mecanismo acojonante para eludir los problemas minimizándolos al máximo o, simplemente, obviándolos, para que no nos preocupen o tengamos que involucrarnos más de la cuenta en algo. Cuantas más mujeres mueren por los mal tratos (“malos tratos”, como muchos dicen), menos caso hacemos a la angustia que han vivido todas esas personas que han encontrado la muerte de manera bestial, a manos de la persona con la que se casaron (ése será otro debate). Cuantas más víctimas hay en Irak, menos interés mostramos ante una guerra que ya ha perdido la cuenta de los muertos de un lado y otro.  

Yo creo que ese mecanismo se basa en la cercanía. Vivimos los atentados del 11-M como nuestros, (sobre todo, y valga la redundancia, los que, directa o indirectamente, los sufrieron), como si a cada uno de nosotros nos hubiesen colocado esas bombas en nuestra propia casa. Los muertos que causa ETA son nuestra mayor preocupación, pero no echamos la vista un poco  más allá, un poquito más arriba y más lejos de nuestro ombligo.  

Está claro que no podemos interiorizar e involucrarnos con todo el dolor y sufrimiento del planeta. Nos volveríamos locos. Sólo trato de entender por qué necesitamos ser tan hipócritas con nosotros mismos para satisfacer nuestro egoísmo.

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